Como en un videojuego

Cuando llegué a la Gran Ciudad, como frecuentemente se escucha a los provincianos llamarle al Distrito Federal, venía de mi exilio en una ciudad muy cosmopolita, así que, siguiendo las costumbres de aquel lugar, inicié mi vida con una actitud muy “verde”. Ésta última me acompañó los primeros días, intentó adaptarse, y aún lucha por sobrevivir. Ahora les cuento.

Día: Uno

Objetivo: Cruzar caminando Ejército Nacional (calle con 8 carriles, con circulación en ambos sentidos y 2 camellones centrales).

Situación: Esperé pacientemente a que la luz del semáforo se pusiera en verde para los carros que estaban justo detrás de mí. Éstos seguirían de frente, y yo cruzaría la vía junto con ellos. Volteé para todos lados cuidadosamente. Crucé rápidamente hasta el primer camellón. Me fijé nuevamente en los carros, e intenté pasar hasta el segundo camellón. A la mitad del camino, fui detenida por un taxista que venía a toda velocidad, y que en lugar de seguir de frente como el resto de los vehículos, giró veloz y abruptamente hacia la izquierda. A tan solo un metro de distancia de mí, el conductor frenó bruscamente, evitando así, un impacto frontal. Después, maniobró para alejarse mentándome la madre.

Día: Dos

Objetivo: Caminar desde Palmas hasta Polanco.

Situación: El iphone me indicaba que debía seguir una ruta en línea recta. Treinta y dos minutos caminando. Parecía un paseo fácil y rápido. Seguí las indicaciones del aparato, y camine. Al poco rato, mi camino se vio interceptado por el periférico, una vía de circulación “rápida” y con muchos carriles. Miré en todas las direcciones, y me sentí atrapada. No había por donde cruzar, y tampoco divisé ningún puente peatonal. No queriendo retroceder el camino ya avanzado, decidí estúpidamente seguir adelante. Pasaron cinco minutos, que a mí me parecieron como tres horas parada en la fila de telcel. El flujo de carros era intenso y constante. Mientras yo seguía parada como palmera de camellón, sin poder cruzar la calle, se me acercó un vende chicles y me ofreció ayuda. La acepté sin pensarlo. Me tomó del brazo y me cruzó ágilmente hasta el otro lado, defendiéndonos con su mano de los monstruosos camiones. Ya en la otra orilla, le compré tres paquetitos de Trident, pero sé que le debía más que eso.

Día: Tres

Objetivo: Cruzar una calle “X” en una zona residencial.

Situación: Me disponía a cruzar una calle de una conocida colonia. Antes de bajar mi pie de la banqueta, me cercioré de que no viniera ningún carro. Me eché a andar alegremente y cantando. Un carro azul, con una señora joven y tres niños, se detuvo frente a mí y me empezó a pitar para que terminara de cruzar la calle. Evidentemente ella quería circular por ahí. Yo no pude agilizar el paso, porque traía tacones. Ella, bajó el vidrio y me gritoneó, mientras sus hijos me saludaban riéndose por la ventana.

Día: Cuatro

Objetivo: Caminar por la banqueta del hospital Español al Starbucks de Ejército Nacional.

Situación: Después de un infructuoso día, llegué al Starbucks. Pedí un latte grande frío sabor vainilla, con leche deslactosada light. Me lo saboreé. De pronto, afuera, en la calle se escuchó un relajo. Un carro golpeó a otro. Llantas rechinaron. La gente se acumuló en la esquina. Me asomé por la ventana. Una camioneta acababa de atropellar a una joven. Con el café en una mano, y la bolsa en la otra, me dirijí corriendo al lugar del accidente, justo el mismo sitio donde casi me atropelló el taxi. Asistí a la joven. Llegó la ambulancia y se la llevaron.

Día: Cinco

Objetivo: ¿Visitar Agencias de Carros?

Urbanismo, banquetas amplias, semáforos peatonales, carril para bicicletas, civismo del que conduce y del que transita las calles. ¿Ciencia ficción? ¿Sueño imposible? ¿Por qué le toca a mi generación vivir esto? ¿A que se dedicaron las generaciones pasadas, aparte de a poblar el país e ignorar la corrupción (aquí yo buscando culpables impotente e infantilmente)? ¿Qué no desde hace al menos 50 años, todo esto debería ser provisto por los gobiernos? Queda menos de un año para las elecciones del 2012, escucho propuestas…

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Más allá de la moda

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

Hace un mes, las especulaciones respecto al vestido que usaría en su boda, la ahora Duquesa de Cambridge, invadían las páginas de los medios de comunicación impresos y electrónicos. Al mismo tiempo, las noticias de la guerra en Libia estremecían al mundo.

Las audiencias marcaron su preferencia el 29 de abril sintonizando la boda real y descansando de los noticieros. Cuando finalmente el vestido de la novia fue revelado, el furor se sintió de inmediato y las imitaciones ó copias al diseño de Sarah Burton de la casa de Alexander McQueen empezaron a producirse.

Desde el principio de los tiempos, el arte ha ido de la mano de las celebraciones más suntuosas y de las guerras más sangrientas. ¿Arte? Si, la Haute Couture bien podría ser considerada como una de las Bellas Artes.

La primera vez que lo pensé como tal, fue después de visitar la exposición en honor a Balenciaga que organizó el Instituto Español Reina Sofía de Nueva York.

La exhibición “Balenciaga: Spanish Master” -dedicada a enfatizar el impacto que habían tenido la historia y el arte español en sus fabulosas creaciones- mostraba como las telas son para el couturier lo que los lienzos para el pintor.

En el primer piso, un salón oscuro,  se mostraban alrededor de 22 maniquíes engalanados con los diseños del famoso artista.  Debajo de los vestidos, había letreros que indicaban el año de creación y su  fuente de inspiración;  muchos de éstos hacían alusión a las escenas que visten los cuadros de Zurbarán, Goya, Picasso, Velázquez, Miró, Tiziano, Juan Pantoja de la Cruz y Bartolomé González.  En un piso más abajo, los accesorios y vestidos, al unísono con la festiva música que acompañaba la exposición, reflejaban la majestuosidad y la gloria de la época cumbre de las corridas de toros.

Al salir, tuve muy claro que los lujosos  y carísimos modelos que alguna vez portaron socialités como Thelma Chrysler, reflejaban tanto la inapagable pasión de Balenciaga por su país como su extraordinario talento.

 Hace poco, reafirmé mi idea sobre la Haute Couture, al asistir a la muestra llamada Alexander McQueen: Savage Beauty en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. La exhibición abrió sus puertas al público el 4 de mayo, pero dos días antes, la Gala 2011 del Costume Institute (MET Ball) sirvió como acto inaugural, al cual asistieron cientos de luminarias dispuestas a rendirle tributo a McQueen.

Los diseños del maestro McQueen están expuestos, en alrededor de nueve salas, de manera brillante y poco ordinaria. El curador Andrew Bolton hace vibrar la exposición convirtiéndola en una vivencia mágica y única para el visitante. La forma en la que logra fusionar el ambiente con la Haute Couture, es indescriptible. Cada sala está perfectamente iluminada y las paredes y los sonidos que emanan de éstas crean el escenario perfecto para los protagonistas: los vestidos de Alexander.

En una de las galerías, llamada “Romantic Gothic”, el sonido de lobos aullando y el rugir y el movimiento del viento sobre algunos diseños producen escalofríos. En los grandes espejos, con marcos góticos y dorados, que cubren las paredes, uno puede verse a sí mismo transformado admirando la confección perfecta de los atuendos. En ese momento, es difícil no pensar en la imagen de Alexander McQueen ahorcado en su clóset sin sentir un nudo en la garganta.

El resto de las galerías son igualmente cautivadoras, los vestidos fabricados con materiales peculiares como conchas, plumas de avestruz y flores muertas, cobran vida, hablan, gritan y transmiten historias al espectador receptivo. La exposición también incluye videos de sus increíblemente creativos fashion shows para las semanas de la moda, así como un holograma de Kate Moss desapareciendo en uno de sus vestidos. Sus creaciones se muestran y convencen como instalaciones de arte.

Quizás, como él lo sugirió, las generaciones del futuro algún día concluirán, que el siglo XXI inició con Alexander McQueen.

Alexander McQueen al igual que Balenciaga, recurría a la historia como fuente de inspiración, y su patriotismo se reflejaba en su trabajo. Sus vestidos son algo más que un pedazo de tela sobre el cuerpo de una artista de Hollywood. Hoy, sus diseños cargados de historia y pasión, definen eras y los dejan inmortalizados en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

Para llevar:

Si visitas NY no dejes de visitar el MET, para extender la experiencia, visita además la tienda de Alexander McQueen en el Meatpacking district.

Ingresa al siguiente link, que te llevará a un video de 8 minutos creado por Andrew Bolton, para que disfrutes la exposición.

 http://blog.metmuseum.org/alexandermcqueen/about/

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MATILDE

Tiempo estimado de lectura: 2 minutos.

Un letrero que decía “tamales mexicanos” sobre la pared de un puesto ambulante,  justo en la esquina de la  8va avenida y la calle 36, llamó mi atención.  Me acerqué a pedir un café y le pregunté a la señora:

-Oiga, ¿De dónde es usted?

-De México. Me contestó  bajando la cabeza y dejando al descubierto las canas que inundaban la raíz de su pelo.

-Yo también. Le respondí. ¿Pero de que parte del país? Yo soy sinaloense.

-Vengo de Puebla.

-Ah, y ¿Cuánto tiempo tiene viviendo en Estados Unidos? Le pregunté.

A la señora se le paralizó la expresión facial con mi pregunta, y su mirada se volvió desconfiada, quizá pensando que yo tenía nexos con la oficina de inmigración. Continuamos platicando, le pregunté su nombre y  su edad, y después empezamos con la política.

-Oiga Matilde y ¿usted qué opina de la situación en México?, ¿qué opinan sus amigos mexicanos que viven aquí? Le pregunté mientras le daba un sorbito al café.

- Yo casi no tengo amigos. Es que mire, trabajo de lunes a domingo de 7 de la mañana a 9 de la noche. La verdad es que a mi esposo y a mí, si nos da tristeza lo que está pasando. Antes no era así, nosotros crecimos bien diferente… Yo creo que los de la violencia son los centroamericanos que se quieren venir para los Estados Unidos y luego como no pasan, se quedan de malosos en México… pero, ¿qué podemos hacer? Oiga, ¿y usted no ve  Teresa?, la pasan por Univisión.

A mí alrededor se había formado una fila de personas esperando ser atendidas, así que me despedí y me fui.

Matilde y yo nos parecemos en algunas cosas (incluidas las canas que se asoman, desafortunadamente). Ella  -al igual que yo y que muchos otros-, sentimos tristeza por la violencia y la impunidad que atacan a nuestro país, pero no sabemos qué hacer  y pasamos rápidamente de la  tristeza al ataque.

Culpamos al gobierno, a los políticos, a los millonarios, a las televisoras, a los narcos, a la sociedad, al presidente, a la Iglesia, a los gringos junkies,  Matilde a los centroamericanos… pero hasta ahí llegamos, nos quedamos en la repartición de la culpa.

Carecemos de estrategias sociales y planes de acción colectivos. Nuestro objetivo diario es  mantener nuestro status quo; seguir siendo y teniendo los mismos bienes materiales. Mientras nuestra paz inmediata no se vea afectada, no nos vemos en la necesidad de hacer  actos heroicos.

Intentamos unirnos en marchas por la paz y sin embargo no logramos consolidarnos ni fortalecernos como sociedad. Unos marchan porque se acabe la violencia, otros marchan para atacar al Presidente, otros marchan para hacerle propaganda al PRD  y otros simplemente aprovechan para protestar contra todo. Nos burlamos frecuentemente del canal de congreso, pero no somos diferentes de nuestros representantes. Primero siempre estará el bien personal antes que el bien común.

Como Matilde nos preguntamos qué hacer y al no saber por dónde empezar, buscamos distracción en lo que sea, como ella con las novelas.

Lo cierto es que vivimos en un país en el que 6.9% de la población sigue siendo analfabeta, en un país en el que la repartición de la riqueza continúa siendo increíblemente desproporcionada.

¡Mexicanos!, vivimos momentos cruciales. Son tiempos de cambio, de reflexión y de aprendizaje. ¿Cómo es que llegamos a esto? Debemos desprendernos de nuestras creencias partidistas heredadas por nuestros padres, compartidas por nuestros amigos, o impuestas por la sociedad. La raíz del mal que aqueja a nuestro país no creció hace 10 años. Es infantil e ignorante creer lo contrario.

Para el 2012, no necesitamos un príncipe guapo que nos salve, tenemos que salvarnos  nosotros mismos. La solución no radica en el poder Ejecutivo. Tenemos que trabajar ardua y comprometidamente por la reforma del poder Legislativo. Tenemos que dejar de escoger representantes por el posible beneficio que podamos alcanzar y tenemos que exigir que los otros hagan lo mismo. Alejémonos de las personas corruptas a cualquier nivel.  Dejemos de besar traseros y pongámonos a jalar como dirían mis amigos norteños.

Nos merecemos disfrutar de las riquezas de nuestro país y de nuestra cultura en paz, y este es el momento para trabajar por ello. Si no lo hacemos, si seguimos buscando culpables, y no interiorizamos que somos factores y catalizadores de cambio, México pasará de producir telenovelas a convertirse en una; con la credibilidad, drama y estupidez que esto conlleva.

 

Para llevar: Exigir a los demás, alejarse de los corruptos.

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SPRING, are you here?

Tiempo estimado de lectura:  1 minuto  30 segundos.

Esta pregunta cruza por mi cabeza  cada vez que un rayito de sol logra colarse entre los rascacielos de Manhattan, produciendo un rico aumento en la sensación térmica. 

Además del clima, poco a poco los atuendos esquimales del invierno empiezan a desaparecer de las calles; las aparatosas chamarras rompe vientos han sido reemplazadas por gabardinas, siempre más sencillas y chics. Con menos frecuencia vemos botas de lluvia Hunter ó botas UGG, en su lugar aparecen los converse, pumas y en ocasiones zapatos de tacón, incluidos los Peep Toes.  Sin embargo el frío y el viento no han desaparecido por completo, por lo tanto,  las medias continúan siendo un complemento esencial de los zapatos formales.

En este análisis de la moda callejera precipitado por el cambio de clima, una antigua y profunda interrogante toma vida de nuevo en mi cabeza. Ésta es una cuestión que me ha mantenido en la máxima de las intrigas. He consultado todo tipo  de manuales de etiqueta y modales –que, by the way, les recomiendo leer al menos uno a lo largo de su vida, ¡ah como hay gente imprudente y mal educada!-  SIN encontrar respuesta.

Mi  interrogante es:

 ¿Es de buen gusto, ó, como diría Guadalupe Loaeza, de Gente Bien, usar medias con zapatos abiertos? Por favor querido lector NO esté usted pensando en sandalias o huaraches. Estamos hablando específicamente de los Peep Toes (Si no los conoce de click en la palabra  y piense que a lo mejor  necesita un manual de moda).

La simple definición ó concepto de Peep Toe pareciera ser una contraindicación absoluta  al uso combinado de medias con este tipo de zapatos -creo que siempre ha existido un kind of unspoken law of tights and open shoes-.  Las medias son realmente útiles para finalizar y arreglar outfits, así como para mantener una pizca de glamour en los lugares donde recrudece el invierno (and you can´t afford to go bare leg).  Quizá sea por esto que en los últimos años, cada vez más editores de revistas de moda se inclinan a promocionar esta tendencia.

Buscando  en “las biblias de la moda”  por internet, me topé con una página dedicada a la princesa Letizia de España. En la página aparece en más de una veintena de eventos  retratada  usando Peet Toes y medias negras opacas. Ingenuamente quiero creer, que si esto no fuera adecuado, la Casa Real no la dejaría cometer semejante fashion faux pas.  

Aún NO habiendo aclarado totalmente mi interrogante,  hace unos días me encontré este aparador (con zapatos totalmente abiertos + calcetas) mientras caminaba por Madison Avenue. Creo que aunque viera a la Reina Rania de Jordania con esta tendencia, no podría aceptarla. ¿Usted que opina?

 

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Méxodo

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Hace un tiempo leí el término  “Méxodo” en una editorial publicada en El Norte. Según el artículo, Méxodo representa a las muchas familias que huyen  hacia Estados Unidos por la violencia en México.  Quedé tan alterada con dicho vocablo, que ni un dardo cargado con tranquilizantes para caballos obesos hubiera podido apaciguarme.

Primero me cuestioné la composición gramatical de la palabra: ¿Méxodo es acaso una síntesis de un nombre propio (México) con un sustantivo (Éxodo),  y sólo eso?  

Después me pregunté: ¿A quién se le ocurrió? ¿A un intelectual, a un profesor, a un periodista? ¿Es esta expresión, una simple y llana “Tendencia Yanqui” de unir palabras para facilitar la comunicación? ¿Algo así como decir Brangelina para referirse a Brad Pitt y Angelina Jolie? ¿Ó LiLo para Lindsay Lohan?

Es innegable que a raíz de la ola de violencia que ha azotado a México, muchas familias mexicanas han cambiado su residencia  a nuestro vecino país del norte, entonces,

¿Por qué NO me gusta Méxodo?

1.- Porque resulta imposible decir Méxodo, sin pensar en Éxodo. Éste último evoca en nuestras mentes -casi de forma natural e inmediata- el segundo libro de la biblia, y entonces imaginamos –en sólo segundos y quizá sin percatarnos- el sufrir y el pesar del pueblo de Israel en Egipto, y pensamos también en su LARGO peregrinar por el desierto en busca de la Tierra Prometida. Entonces, ¿porqué asociar todo este melodrama con México? Nuestras posibles similitudes se acaban con el yugo de Egipto, al que pudiéramos comparar con el yugo de la corrupción y la impunidad. Porque el Moisés más cercano que tenemos es en el que nos acostaban nuestros padres al nacer, y Estados Unidos está muy lejos de ser la Tierra Prometida.

2.- Porque Méxodo es impreciso. No creo que haya nada más alejado de la realidad que pretender  creer que  “todos los mexicanos” se están yendo. Méxodo se refiere exclusivamente a las familias que voluntariamente deciden irse de México por cuestiones de seguridad. Con esto pudiéramos asumir, que son personas con los recursos económicos suficientes para llevar a cabo esta huida. Ahora partamos de la hipótesis de que los mexicanos que deciden mudar su casa deben tener al menos una visa de turista para poder entrar al vecino país. De acuerdo con la página de la Secretaría de Estado de los Estados Unidos , entre los años 2001 y 2010, se emitieron 11,512,446 visas para México.  Aunque asumiéramos que todos los que tienen visa se han ido, en el territorio mexicano aún habría 100.8 millones de habitantes (112,322,757 habitantes registrados por el censo de Población Y Vivienda hasta el 12 de junio del 2010  menos los 11,512,446 que inventamos que se han ido). Entonces, ¿Por qué crear pánico entre los que se quedan? ¿Por qué confundirnos con términos que conceptualizan movimientos masivos de personas? ¿Por qué fomentar tendencias que hagan que cada vez más mexicanos piensen que deberían estar planeando su escape?

 3.- Porque respeto a los que están y no se rajan. Porque todos los días hay miles de médicos -cumpliendo con el requisito del servicio social – distribuidos por todas las áreas rurales del país. Muchos en zonas azotadas por el narcotráfico y sin más arma de defensa que un estetoscopio y un hisopo. Renunciar no es una opción, a menos que quieran tirar 7 u 10 años de estudios de medicina por la borda, según sea el caso. Entonces, ¿Por qué socavar el ánimo de los guerreros?

4.- Porque a todos nos pasa. Según la información que tenemos sobre la población extranjera en México,alrededor de 1937 llegaron a México más de 21,000 españoles[ ]huyendo de la  guerra civil y los refugiados de aquel país se fueron incrementando con los años. En la década de los  70, llegaron a México miles de chilenos, argentinos, uruguayos, peruanos y colombianos asediados por las dictaduras de sus países. También llegaron guatemaltecos, salvadoreños y nicaragüenses. ¿Acaso Usted aprendió en la primaria términos como Exaña(Éxodo y España), Exentina ( Éxodo y Argentina), Coléxodo (Colombia y Éxodo)?  No porque Méxodo suene como México tiene validez.

Para mí,  y  para el Diccionario de la Real Academia Española, Méxodo No Existe. ¿Y para Usted?

 

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